Tercer (y último) Comunicado

Manifiesto - por la vida, el cuerpo, el territorio y la dignidad

protestar es un derecho
Ha pasado agosto, mes de la Pachamama. La tierra se ha abierto para recibir ofrendas de agradecimiento. Se abre y se destapa con una energía muy contundente. Se manifiesta intensa, con su fuerza arrolladora nos invade e invoca a la acción y resistencia.
A dos meses del Aquelarre Subversiva que nos juntó a diversas mujeres de distintos territorios, a dos meses de vivir nuestro amuki[1], el silencio como estrategia política, espacio reivindicativo, tiempo de reflexión y aprendizaje colectivo, agradeciendo a la Pacha y respetando lo que a cada una ha removido nuestro encuentro, llamamos a seguir construyendo rebeldía y resistencia a este sistema de opresiones.
La criminalización de la protesta a los movimientos de mujeres históricamente ha tenido un carácter misógino, su intención es disciplinarnos y acallarnos. A medida que nuestra lucha antipatriarcal, anticapitalista y anticolonial se fortalece, la represión y la persecución estatal son más violentas, la policía que viola y mata, y el aparato judicial que socapa y libera feminicidas trabajan “efectivamente” para amedrentar a las mujeres que luchan e increpan al patriarca en sus múltiples caras: machista, misógino, violador, asesino, acosador. Por eso, nuestra resistencia es, cada día más necesaria.
La protección de la libertad y de una vida digna para cada una de nosotras nos es vital. No necesitamos mártires, no creemos en caudillas ni protagonismos ni en la victimización. La fuerza de nuestro movimiento radica en la autenticidad de tejer complicidades ante toda la violencia cotidiana que vivimos las mujeres. Por la fuerza política expresada frente a la represión policial que vivimos y al intento de chantaje, nuestras compañeras están libres y sin cargos en sus territorios.
Reivindicamos plenamente al Aquelarre Subversiva como zona autónoma de aprendizajes y desaprendizajes, por ayudarnos a entender que aún nos falta mucho por cuestionar y fortalecer desde adentro. Reinvindicamos el hacer y aprendizaje construido colectivamente para enfrentarnos al miedo en la represión estatal. Agradecemos y reivindicamos el poder silenciado de la intuición, poder dado por nuestras ancestras que debemos escuchar.
Reivindicamos la complicidad interterritorial como un referente de que las resistencias se tejen por fuera de los estados. Agradecemos todo el apoyo y acompañamiento de diversos colectivos, colectivas e individuales que estuvieron pendientes del caso hasta ahora.
Es necesario aclarar que el monto ridículo que quería imponernos el estado no le resultó. La solidaridad, la movilización permanente y el apoyo legal desde una mirada interpeladora fueron fundamentales para frenar al poder.
El amuki se ha roto, convocamos a llamar a nuestra khamasa[2] para seguir luchando. Invocamos a todas a manifestarse y accionar por la vida, el cuerpo, el territorio y la dignidad, a reapropiarnos del espacio público desde la creatividad y autonomía de cada colectividad. Las llamamos compañeras a denunciar colectivamente la violencia de este sistema extractivista, colonial que está destruyendo nuestros territorios, desarticulando, encarcelando, sometiendo, persiguiendo y avasallando impunemente la autonomía y autodeterminación.
Nos convocamos a seguir luchando en la alegre rebeldía, a no dejarnos avasallar. En apoyo y solidaridad con nuestras hermanas que luchan desde sus territorios, denunciamos la militarización del Tipnis y la persecución política de la dirigente de la central de mujeres Marquesa Teco, en apoyo a las mujeres de Achacachi, por la libertad de Francisca Linconao y el pueblo Mapuche, justicia para Berta Cáceres, justicia para todas!
Convocamos a la disidencia artística el día sábado 23 de septiembre en Cochabamba, y ¡que resuene la disidencia en todos los territorios posibles!
¡Seguimos pintando nuestras vidas!
¡JALLALLA!
Qochapampa, 7 de septiembre 2017

[1] Amuki, palabra quechuaymara que literalmente significa "silencio", en cuanto a lo ritual tiene que ver en acallar las emociones, para escuchar los sonidos de la mente y el cuerpo, para conectarse con una misma y con la naturaleza.
[2] Khamasa, palabra aymara, es fuerza del espíritu, fuerza de la vida, coraje.