Se nos quema la vida

"Se nos quema la vida": Sobre los incendios en la Chiquitanía, Pantanal, Chaco y Amazonía Boliviana

¡¡Que ardan empresas y Estados!!

Cuarenta y ocho días de fuego nos devastaron la vida silvestre, el espacio verde y los subversivos bosques de nuestro territorio ampliado, “Chiquitanía, Pantanal, Chaco y Amazonía”. Los “jichis del monte” están escapando del mal llamado desarrollo, como una expresión perversa de la colonización y su consecuente acumulación capitalista. Parte de nosotras se va con ellas/os.

Los incendios no son solo una catástrofe, son parte de la agenda del complejo pacto Estado-agroindustriales-transnacionales. Los incendios son la materialización de la siniestra geopolítica extractivista, que, a su vez, perpetua la domesticación de territorios como una necedad colonial.

Los incendios son el resultado de prácticas productivas que apuntan a convertir los bosques vivos en desiertos de monocultivos, funcionales a la codicia del gobierno. Cuando el bosque ya no esté lo único que crecerá son la caña de azúcar, la soya y el maíz transgénicos, entre otros monocultivos, y sobre todo el ganado vacuno.

Sabemos cuál es el destino de estos productos, la exportación de toneladas de carne hacia Rusia, China y Afganistán; que pasa de la exportación de una materia prima a la otra; bajo un modelo económico expansionista, que únicamente posibilita estructuras económicas verticales.

Los incendios operaron como maniobras, que pretenden dejar espacios y poblaciones vulnerables, para justificar paquetes de ayuda, con donaciones de la cooperación internacional y proyectos Estatales, principalmente para el sector privado, declarado en emergencia. Frente a esta realidad sentimos tristeza y la impotencia.

Este año, se quemaron más de 2,1 millones de hectáreas de bosque en Bolivia, amenazando a los Bosques Seco Chiquitano, Gran Chaco, Pantanal Boliviano y a los Bosques Amazónicos. También las áreas protegidas nacionales como el Parque Nacional y Área Natural de Manejo Integrado Otuquis, el Área Natural de Manejo Integrado San Matías, el Parque Nacional y Área Natural de Manejo Integrado Kaa-Iya, la Reserva de la Biósfera y Estación Biológica del Beni EBB, el Parque Nacional Noel Kempff Mercado, la Reserva de Vida Silvestre Valle de Tucabaca, el Área de Conservación e Importancia Ecológica Ñembi Guasu y recientemente la Reserva Nacional de Flora y Fauna Tariquía.

El 70% de las áreas quemadas coincide con el plan Estatal de la ampliación de la frontera agrícola hasta 2025. El fuego pone en riesgo la sobrevivencia de todo un ecosistema de especies enteras de animales y plantas, destruye la base de ingreso y subsistencia en los territorios indígenas y contamina fuentes de agua. En este contexto doloroso, nosotras, mujeres del Aquelarre SubversivA nos declaramos en emergencia, por el desastre en los territorios producto de los incendios y sequía. Consideramos que los incendios son intencionales y expresan la esencia misma de un modelo capitalista-extractivista-patriarcal colonial, que cada día se recrudece en su violencia.

Rechazamos la lógica extractivista y el modo de desarrollo impuesto en el país. Denunciamos que con el Decreto Supremo 3973 y la Ley 741, el Estado en alianza con el agro negocio promueve la deforestación, arrasando con las vidas de personas, animales y la naturaleza misma, quemando la Casa Grande que nos alimenta y sostiene. Denunciamos a este gobierno hipócrita que se disfraza bajo una parafernalia indigenista de defensa de la Madre Tierra, y develamos su verdadera cara, porque su interés es continuar acumulando dinero y poder.

Alertamos que los incendios en tierras bajas forman parte de un ciclo concadenado de transformaciones territoriales, deslocalizaciones y despojo. Los gobiernos de derecha y de izquierda junto con sus socios transnacionales, son quienes permiten la gran avanzada de una economía expansiva, donde el valor de la vida se negocia.

Rechazamos la cooptación de algunos movimientos sociales, por permitir que sus reivindicaciones sean utilizadas como ficha de ajedrez político, a cambio de migajas del Estado; en este caso, en forma de las tierras prometidas en el oriente boliviano. Hacemos un llamado de atención a la mediatización que se hace de este desastre, que viene repitiéndose ya año tras año. Desconfiamos de los medios masivos y la intención de crear un ambiente electoralista que nos parece peligroso.

Los partidos de derecha también fomentaron el agronegocio, desfalcaron el país y ahora se muestran comprometidos con la selva. Los pactos entre el Estado y la agroindustria son a largo término y da igual la camisa que se pongan. Repudiamos también la agitación racista, clasista y patriarcal que se vive en el país con la politización partidista y preelectoral de los incendios y nombramos con nombre y apellido a los grandes responsables del desastre en nuestra Chiquitanía, Pantanal, Chaco y Amazonía, estos son: la Cámara Agropecuaria de Oriente (CAO), la Asociación de Productores de Oleaginosas y Trigo (Anapo), a la Cámara de Industria, Comercio, Servicios y Turismo de Santa Cruz (Cainco), la Federación de Ganaderos de Santa Cruz (Fegazacruz) y la complicidad de la denominada Autoridad de Fiscalización y control Social de Bosques y tierras (ABT) y el Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA).

Denunciamos el atentado a la vida misma de los pueblos indígenas no contactados, como es el caso de las hermanas y hermanos ayoreos, que se encuentran en aislamiento voluntario en el área protegida Ñembi Guasu, territorio autónomo guaraní; tras el avance del fuego han tenido que huir de su propio territorio.

Tenemos memoria, sabemos, escuchamos y sentimos con el cuerpo lo que está pasando. Tenemos memoria de todos los cuerpos y comunidades violentadas, a las que tuvieron que separar, dividir, extorsionar, criminalizar y matar, para que pase lo que estamos viviendo.

Recuperamos las denuncias de las mujeres y habitantes del Tipnis, la Amazonía y Chaco boliviano, junto a los pueblos de la amazonia brasileña, ecuatoriana y peruana, además de sublevarse para poner el límite, nos venían advirtiendo de la política de saqueo sufrida en el cuerpo, como una situación más allá de lo coyuntural, porque constituye en un largo proceso de saqueo y despojo, que resisten hereditariamente. Les creemos a ellas y no a esta mafia de políticos partidarios, sostenedores de un régimen que nos despoja la vida.

Denunciamos que, así como se quiere explotar la naturaleza y la pacha, así también se quieren hacer explotables los cuerpos, sobre todo, de lxs animales y las mujeres. El extractivismo seca y agota lentamente la vida. El extractivismo es patriarcal, porque también explota y violenta a las mujeres, a la tierra, a los bosques, al aire, en una persistente figura de opresión, que pone el exterminio como horizonte.

Llamamos a subvertir las comodidades de nuestros espacios urbanos y cuestionar nuestros privilegios, somos más que una sociedad de consumo. Nos comprometemos en defender la vida, frente a lo que ocurre al otro lado de nuestra realidad inmediata, porque el tiempo se acaba, los ríos se secan, los bosques se queman y las tierras se contaminan.

Las mujeres del Aquelarre SubversivA, invocamos la recuperación de los sentidos afectivos de la comunidad, de protección y reproducción de la vida. Agitamos a que desde los territorios podamos organizarnos, en torno a la información, para politizarla y definir acciones concretas frente a este avasallamiento.

Aún nos queda halito para resistir. Porque ni el fuego de las hogueras que pretendieron quemar a nuestras abuelas lograron someternos. Este fuego incendial nos reaviva las determinaciones, nos cuestiona los hábitos, nos radicaliza en la lucha, por una vida y una tierra libre y digna, sin dueños ni patrones, y a nosotras con ella.


ABORTAMOS AL AGRONEGOCIO,
EXTRACTIVISMO, ESTADO Y CAPITAL!

Aquelarre SubversivA
10 de septiembre de 2019